Nos parece importante aclarar cuáles son las diferencias entre las alfombras y los kilims, para que puedas apreciar y elegir adecuadamente en el caso de que tengas interés por este producto. De hecho, en nuestros circuitos, es habitual incluir una visita a un taller-telar para conocer de cerca las obras maestras textiles que realizan sus artesanos. Por ejemplo, en la jornada o jornadas que visitamos Capadocia, una de las ‘cunas’ de este arte. O en el rato libre que pasaréis en el Gran Bazar.
Estructura: la diferencia clave
La principal diferencia entre las alfombras y los kilims está en la estructura. Y, como veremos, el resto de diferencias derivan de esta. Antes de nada, conviene recordar que estos tejidos (como cualquier otro) se compone de filas de hilos verticales (urdimbre) y de hilos horizontales (trama).
Pero la primera y fundamental diferencia entre las alfombras y los kilims es que en la primera se añaden nudos en las urdimbres, lo que le confiere un mayor grosor que los tejidos normales y, por tanto, resultan más aptos para suelos. Estos nudos son lo que se conoce como pelo y pueden ser de lana, algodón u otros materiales: algunos son más refinados como la seda, pero otros más rudimentarios como el pelo de cabra o la lana de camello, especialmente en el mundo rural. En cambio, los kilims no tienen nudos, por lo que se pueden considerar la estructura básica y simplificada de una alfombra.
Grosor, frescura, fijación
Como se puede deducir de lo anterior, los kilims son más livianos, mientras que las alfombras son más gruesas y pesadas. Por tanto, estas últimas aíslan mejor del frío del suelo y se consideran más aptas para ambientes solemnes, mientras que los kilims quedan a menudo reducidos al ámbito privado y cotidiano.
Una consecuencia (y, por tanto, diferencia) de lo anterior es que los kilims se suelen preferir en ambientes donde se busca una cierta frescura, por razones de confort. Pero al mismo tiempo, suelen perder más fácilmente la posición, por su propia liviandad. En cambio, una alfombra pesada tenderá a fijarse al suelo con mayor estabilidad, sin arrugas y sin movimientos.
Diseños
No se trata de una máxima irrefutable, pero las alfombras suelen tener diseños más elaborados, por el hecho de emplear más hilos y por el ambiente solemne o refinado donde a menudo son utilizados (salas de palacios, lugares de oración, etc.). En cambio, el kilim suele tener un diseño geométrico más sencillo, de simples bandas o composiciones poco complejas, que se compensan con colores vivos y llamativos, aunque no siempre.
En cambio, las alfombras turcas se caracterizan por una variedad compositiva tan grande que incluso se han categorizado según sus diseños: en Europa, por ejemplo, las popularizaron pintores de renombre (Lorenzo Lotto, Hans Holbein el Joven) en sus cuadros, pues aportaban un plus de refinamiento y elegancia a la composición.
Precio y disponibilidad para turistas
De todo lo anterior se desprende que los kilims suelen ser más baratos que las alfombras. Además, son más aptas como recuerdo o souvenir, no tanto por el precio sino también por un detalle para nada baladí: su facilidad de transporte y almacenamiento en una maleta o en un bulto a facturar en el avión. En cambio, las alfombras son más difíciles de llevar consigo, por lo que la compra de una de ellas debe llevar aparejado un servicio de envío por paquetería a casa.
En cualquier caso, por encima de todas estas diferencias entre las alfombras y los kilims, hay un gran aspecto en común: muchas de ellas se elaboran aún de manera artesanal, a menudo por mujeres en telares de gran tradición, como los que conocerás en persona en nuestros circuitos.